LAS HOJAS CAÍDAS
LAS HOJAS CAÍDAS
I
Poco importa el tiempo,
las hojas caen sin orden lógico,
queda un silencio infinito,
la noche se acerca sin rencores,
un gesto tibio de la brisa,
las voces se alejan,
cierro la ventana,
las sombras se esconden,
todos quieren llorar,
se sientan y se miran,
el gato sobre la mesa,
la quietud del viento,
la soledad de las calles,
llega la hora de dormir,
aquí todo es tan callado,
como las horas amargas
que anuncian la muerte.
II
Ya no hay tristezas,
el pájaro bebe gotas azules,
está cansado, sin alas, ni dioses,
abro la ventana del nuevo día,
las flores son tan amarillas,
la mañana es un poema de hadas,
el sol en el horizonte,
aunque, en realidad, da lo mismo,
bajo la mirada y pienso en otras mañanas,
donde los niños vestían de sueños,
el apúrense que van a llegar tarde,
dónde están, tal vez lejos,
del otro lado del mar,
donde brilla la luz de la esperanza,
mejor me apresuro,
me sentaré en el banco de la plaza.
III
Las hojas caídas no volverán,
el suelo se ve desolado,
sin colores,
no hay niños jugando,
ni enamorados escondidos,
escribiendo corazones
en los árboles,
quedamos sin ganas de hablar,
envejecidos, con la mirada perdida.
IV
Llego a la casa,
silencio en el patio,
sobran sillas,
con una basta, sin mesas,
para qué, ni siquiera tengo mascotas,
“el sol nos da luz y calor,
abre tu alma, y sonríe”,
lo que me faltaba,
tengo sueño,
es todo por hoy,
hasta mañana.

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